Mundo ficciónIniciar sesiónEl vuelo a Ginebra duró once horas y cuarenta minutos. Ximena no durmió ni un segundo. Mantuvo la mirada fija en la ventanilla oval del avión privado, observando cómo el océano Atlántico se extendía bajo ella como una sábana de plata arrugada bajo la luz del amanecer. En su regazo descansaba el sobre manila que Thiago le había entregado la noche anterior, sus bordes ya gastados de tanto manipularlo.
Aurora Mendoza, pens&oac







