Mundo ficciónIniciar sesiónLa verdad tenía un precio. Siempre lo había tenido. La diferencia radicaba en si estabas dispuesto a pagarlo con monedas de oro o con pedazos de tu alma.
Ximena Salazar descubrió cuál era su precio exacto a las once de la mañana, cuando el mensaje llegó a su teléfono. Un número desconocido. Dos líneas escuetas que helaron la sangre en sus venas:
"Restaurante Pujol. Salón privado Mezquite. Mediodía. Sola




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