Seis semanas tienen una textura distinta cuando uno deja de contarlas.
Ximena lo descubrió casi por accidente, un martes por la mañana, cuando se dio cuenta de que había pasado tres días sin calcular cuánto tiempo faltaba para algo. Sin medir la distancia entre el presente y algún punto futuro donde las cosas estarían mejor. Las cosas ya estaban bien. No perfectas —nunca había creído demasiado en la perfección, y ahora menos— pero bien de una manera sólida, construida con materiales reales.
La m