Mundo ficciónIniciar sesiónLa prisión federal se alzaba como una fortaleza de concreto gris bajo el cielo plomizo de la mañana. Victoria ajustó el cinturón de seguridad mientras el taxi se detenía frente a las rejas de acero que separaban el mundo libre de aquel laberinto de celdas y corredores infinitos. Sus manos temblaron ligeramente al pagar al conductor, quien la observó con una mezcla de curiosidad y lástima.
—¿Está segura de que quiere que la espere? —preguntó el hombre, sus ojos recorriendo la imponente estructura—. Este lugar da escalofríos.
—No será necesario —respondió Victoria, bajando del vehículo con una determinación que no sentía por completo—. Tengo otra forma de regresar.
El proceso de ingreso fue humillante y exhaustivo. Detectores de metales, revisión corporal, confiscación de pertenencias personales, y finalm







