Mundo ficciónIniciar sesiónEl llanto de uno de los gemelos perforó el silencio de las cinco de la madrugada, seguido inmediatamente por el del otro. Victoria se incorporó en la cama con un gemido, su cuerpo protestando por la falta de sueño y las náuseas matutinas que se habían intensificado durante la última semana. A las diez semanas de embarazo, cada movimiento le recordaba la nueva vida que crecía en su interior, una vida que había llegado en las circunstancias más devastadoras.
Se dirigió a la habitación contigua donde los gemelos, ahora de cuatro meses, habían desarrollado la inquietante habilidad de sincronizar sus llantos para obtener máxima atención. Santiago agitaba sus bracitos regordetes mientras Sofía se retorcía en su cuna, ambos con las mejillas enrojecidas por las lágrimas.
—Ya, mis amores —murmuró Victoria, cargando primero a Santiago—.







