Mundo ficciónIniciar sesiónEl pitido constante de los monitores cardíacos creaba una sinfonía mecánica que perforaba el silencio estéril de la unidad de cuidados intensivos. Victoria permanecía inmóvil en la silla de plástico azul, sus ojos fijos en el rostro pálido de Alejandro, cuya respiración dependía del ventilador mecánico que se alzaba y descendía con precisión robótica. Las máquinas que lo rodeaban parpadeaban con luces verdes y rojas, números que cambiaban constantemente, recordándole que la vida de este hombre pendía de un hilo tan delgado como su propia cordura.
Los médicos habían trabajado durante horas, inyectando antídotos conocidos, probando combinaciones de medicamentos, pero el veneno que Valentina había usado permanecía como un misterio letal en el torrente sanguíneo de Alejandro. Su piel había adquirido un tono







