Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire del sótano se había espesado hasta convertirse en una sustancia casi sólida que parecía ahogar cada respiración. Victoria mantenía la pistola alzada, el metal frío contra sus palmas sudorosas, mientras observaba a Ricardo sostener a Mateo contra su pecho. El cuchillo brillaba bajo la luz mortecina, su filo descansando peligrosamente cerca del cuello de su hijo.
—Dispara —murmuró Ricardo, sus ojos fijos en los de Victoria—. Pero si fallo, él paga el precio.
Luna se removió inquieta en los brazos de Alejandro, quien permanecía inmóvil a unos metros de distancia, calculando ángulos imposibles para una intervención que podría resultar fatal. El silencio se extendía entre ellos como una cuerda tensa a punto de romperse.
—Suelta a mi hijo —la voz de Victoria emergió como un susurro áspero, cargado de una de







