Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire viciado de la instalación subterránea se había vuelto denso, cargado de una humedad que parecía adherirse a los pulmones como melaza. El contador digital en la pared marcaba 1:15:00 en números rojos que parpadeaban con la regularidad de un corazón enfermo. Roberto yacía contra la pared de concreto, su respiración entrecortada pero sus ojos sorprendentemente lúcidos para un hombre que había pasado décadas en c







