Mundo ficciónIniciar sesiónLa primera contracción la dobló como una navaja cerrándose. Victoria se aferró al borde del sofá mientras un gemido gutural escapaba de sus labios, el sonido áspero y primitivo llenando la pequeña sala de la casa segura. Las contracciones habían comenzado apenas una hora después de llegar del lago, como si el trauma y la adrenalina hubieran desencadenado un mecanismo imparable en su cuerpo.
—Cada tres minutos —murmuró Valeria, consultando el cronómetro en su teléfono mientras se movía por la habitación con una eficiencia nerviosa—. Esto va demasiado rápido para ser normal.
Alejandro apareció desde la cocina cargando una olla de agua hirviendo, sus manos protegidas por guantes de cocina. Su rostro mostraba una concentración férrea, pero Victoria podía ver el pánico apenas contenido en sus ojos.
—El agu







