Mundo ficciónIniciar sesiónMarina miró a su esposo, que seguía conduciendo con cuidado rumbo a su casa, sin poder creer que él todavía le diera el beneficio de la duda a esa terrible mujer que tenía a su niño Ilán como madre.
—No me creas, Armando, me he cansado de decirte que el señor Stavros descubrió algo muy malo que ella había hecho y estuvieron gritando por muchas horas. Luego él se quedó solo hablando con su abogado, q






