6. DE LA CIMA AL ABISMO
Con la determinación de quien ha cruzado un punto de no retorno, seguía conduciendo con las manos apretadas en el timón, como si fuera mi tabla de salvación. Ahora que la adrenalina había pasado, el temor comenzó a apoderarse de mí y a hacerme temer por mi futuro.
—Todo estará bien, Ilán, no temas —repetía una y otra vez, como si necesitara escucharlo más yo, que él. Ilán permanecía en silencio, sin dejar de mirarme; había curiosidad e incredulidad en la forma en que lo hacía—. Ya verás, tú y