Mundo ficciónIniciar sesiónMientras tanto, en la prisión, yo continuaba mi rutina con una resignación que rozaba la gracia. Mis manos, ahora curtidas por el trabajo áspero, se movían con una eficiencia que sorprendía a las demás reclusas. Aquél día, agotada más allá de lo habitual, mi cuerpo había cedido al cansancio sobre una olla gigantesca que relucía gracias a mi empeño. No me percaté del sueño hasta que me enco







