ILÁN:
El silencio que siguió a esas palabras estaba cargado de emociones: tristeza por el sufrimiento de Daniel, rabia por los oscuros planes de mi madre.
—Si hubiera sido sincero conmigo, lo habría ayudado —dije con pesar, pasándome una mano por el rostro—. ¿Pudiste averiguar qué era eso que mamá le tenía que lo obligaba a hacer todo?
Josefina tomó aire profundamente antes de responder, su expresión grave. Se sentó al lado de nosotros haciendo una señal a su asistente, que se mantenía a una distancia prudente, para que le entregara una carpeta.
—Sí, y es algo terrible, Ilán. Resulta que Amaya permitió que Daniel estuviera con una de las chicas que ella raptaba —hizo una pausa, notando cómo nuestros rostros palidecían—. La chica murió de una sobredosis estando con Daniel. Él, asustado, llamó a Amaya.
Cerré los ojos, sintiendo el peso de la revelación. Ivory me tomó la mano, ofreciéndome apoyo silencioso. Cada crimen que descubría de mi madre era más atroz que el anterior.