134. EL ABANDONO DE IVORY
Ajeno al torbellino mediático que mi gesto había desatado, me encontraba sentado en la esquina opuesta de la enorme mesa de conferencias de mi empresa. Mi postura, rígida y distante, contrastaba con la sonrisa triunfal de Geraldine, quien, junto al matrimonio Valdivieso, me observaba desde el otro extremo. Con voz gélida, carente de cualquier atisbo de cordialidad, rompí el silencio:
—¿Y bien, qué es eso tan importante que quieren tratar conmigo?
Mis ojos, normalmente cálidos, ahora parec