112. CONTINUACIÓN
Asentí, sabiendo que Morgaine tenía razón. No podíamos permitirnos el lujo de subestimar a nuestros adversarios.
—Sí, debemos ser cautelosas, pero también debemos ser valientes —dije—. Tenemos que seguir adelante, por los niños, por Ilán y por nosotras mismas.
La noche cayó sobre la ciudad, envolviéndola en un manto de oscuridad y misterio. Morgaine y yo, armadas con nuestra determinación y coraje, nos dirigimos hacia la casa de Ilán. La luna llena iluminaba tenuemente las calles desiertas, cre