111. MÁS PROBLEMAS
Mis palabras resonaban con un eco de sentencia definitiva. En ese momento, Amaya comprendió la magnitud de su situación: atrapada en un cuerpo que no respondía, condenada al silencio por una parálisis química y desterrada de la vida que conocía por los oscuros secretos que la rodeaban. La ironía de su destino era cruel; mientras más intentaba liberarse de las cadenas del pasado, más apretadas se volvían estas alrededor de su presente.
En el hospital central, Dafne entró con una cara de triunfo