Sentirse culpable ya no le servía de nada. Lo único que podía hacer era llorar la desgracia de su suerte, ahí estaba pasando su cumpleaños sola.
Los cuales solía pasar llena de muchas amistades, de buenos deseos, de alegría y enormes fiestas, fue ahí cuando comprendió que nunca tuvo amigos, de que todo había sido fingido.
Había intentado mantenerse tranquila, pero no le había sido posible, no había hecho otra cosa más que llorar por darse cuenta de que sus errores le estaban saliendo muy caros,