Ya era muy tarde cuando todos nos marchamos a las habitaciones de invitados, así que Donato les hizo preparar a sus dos sirvientas para que nos quedáramos a dormir en su casa todos. Martino y yo entramos en nuestro dormitorio, quitándose él la ropa quedando completamente desnudo, mientras yo entre en el cuarto de baño, sentandome en el inodoro pensando en lo que mi marido me había dicho aquella noche, dándome muchas ganas de llamar a la inspectora y echar todo lo que había trabajado por tierra,