Me burlo de su pregunta, lo que me hace fruncir el ceño más profundamente y entrecerrar los ojos: —No tengo intenciones con tu hijo. No está mal que disfrute de la compañía de un niño.
—¿Qué es lo que realmente quieres con mi hijo?
—Qué más voy a hacer con tu hijo además de jugar —lanzo mis manos al aire.
—No sé…
—¿Estás insinuando que soy una pervertida?
—Por supuesto que lo no, porque me escuchaste decir que eres una pervertida, ¿verdad?
—No hay necesidad de sarcasmo —murmuro.
Él suspira: —Sé