Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa mansión Valmont tenía la costumbre de volverse más grande cuando uno estaba demasiado cansado para habitarla.
Alma lo notó en el momento en que cruzaron el umbral de regreso del Salón Marchetti, con las once y cuarenta de la noche instaladas en los huesos como humedad de invierno. Los pasillos parecían haberse estirado durante su ausencia. Las lámparas proyectaban sombras que no correspondían exactamente con los muebles que las







