Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa enfermera se llamaba Dolores, que era exactamente el tipo de nombre que uno esperaría de alguien que llevaba cuarenta años guardando secretos de hospital.
Tenía setenta y tres años, un delantal con flores bordadas que desentonaba con la gravedad de lo que estaba contando, y la costumbre de pausar en los momentos más dramáticos para sorber el té como si el tiempo no existiera. Alma había decidido, en los primeros diez minutos de







