Cuando salí de la habitación, el caos era evidente. Un par de hombres corrieron hacia mí, listos para atacarme. Sin embargo, con un simple gesto, los detuve en seco. Se quedaron inmóviles, sus ojos abiertos en una expresión de asombro y miedo. Me acerqué a ellos, observándolos con determinación.
—Ahora me protegerán— les ordené con firmeza, mi voz cargada de autoridad.
Sus ojos se volvieron de un color negro intenso, reflejando mi poder. Ambos hombres asintieron con la cabeza, sumisos a mi volun