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Los rayos del sol me despertaron, aunque apenas había dormido tras todo lo que ocurrió. Respiré profundamente y me senté, sintiendo un dolor punzante en la espalda por haber pasado la noche en el frío y duro suelo. Apenas había logrado acomodarme cuando la puerta se abrió, y Eirik entró con un plato de frutas. Le dediqué una pequeña sonrisa mientras lo veía acercarse. Se agachó y dejó el plato a mi lado. Tomé una uva y me la llevé a la boca, disfrutando del jugo dulce que explotaba en mi palada
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