Los días siguientes se sintieron extraños. Gytha seguía obsesionada con aquellas hojas, y aunque trataba de disimularlo, podía notar que algo en ella estaba cambiando. Después del conjuro, me sentía diferente, algo en mi interior había cambiado, pero había aprendido a sobrellevarlo. Gytha, en cambio, parecía cada vez más atrapada por su ambición.
—Deberías quemar esas hojas, son peligrosas —le dije, esperando que recapacitara.
Ella me miró, y puso los ojos en blanco.
—Deberías callarte la bo