Mi respiración era un caos, descontrolada y errática, mientras mis ojos recorrían el lugar frenéticamente en busca de Tiana. La angustia se apoderaba de mí con cada segundo que pasaba sin encontrarla. Uno de mis hombres se acercó, arrastrando a uno de los ingleses por el cuello, sujetándolo con fuerza. Lo lanzó a mis pies sin piedad, y el inglés alzó la vista hacia mí.
En sus ojos vi reflejado el terror, ese tipo de miedo que tienes cuando sabes que tu vida está en manos de alguien que no dudar