Los días pasaron de una manera demasiado rápida. Eirik y los otros hombres se veían más relajados, más confiados, y yo… era un lío por dentro. Ellas aún me perturbaban, querían volverme loca, o tal vez mostrarme aquello que yo me negaba a aceptar.
—¿Estás bien? —preguntó Eirik sentándose a mi lado en el pasto.
Hoy los hombres y mujeres estaban recogiendo todo para volver.
—Si te dijera que no soy lo que crees, ¿tú qué harías? —le pregunté.
Él acarició mi mejilla y me dio un beso en la frente.
—T