Eirik no regresó a la habitación, y eso de alguna manera me tranquilizó un poco. Si él estaba a mi alrededor, yo no iba a poder resistirme mucho tiempo a su toque. Aunque luchara con todas mis fuerzas, sabía que tarde o temprano iba a ceder.
A la mañana siguiente me desperté con el ruido de gruesas voces. Salté de la cama rápidamente y me acerqué a la puerta. La abrí con cautela y salí. Caminé siguiendo las voces hasta que llegué a una habitación. La puerta estaba entreabierta, así que pude mir