La puerta solar apenas se había cerrado tras ella cuando Darian se movió.
Sin preámbulos. Sin suaves círculos. Cruzó la distancia en tres zancadas, la agarró por el cuello —sin ahogarla, sino reclamando— y la empujó contra la pared más cercana con violencia controlada. Se quedó sin aliento. Sus palmas golpearon la fría piedra a ambos lados de su cabeza.
"Mírame."
Sus ojos se alzaron de golpe. Los suyos eran fuego negro.
"Leíste cartas que prueban que tu hermana fue asesinada. Lloraste de rodillas en aposentos prohibidos. Llevabas la prueba contra tu pecho como un segundo latido. Y a través de cada lágrima, cada temblor, tu coño estaba húmedo."
Las palabras cayeron como latigazos. La vergüenza explotó en su pecho, brillante y abrasadora.
Se inclinó hasta que su boca quedó a un latido de la suya.
"Dilo."
Su voz se quebró en la primera sílaba. "Yo... yo estaba húmedo."
"Más fuerte." —Estaba mojado, mi Rey. —Las lágrimas volvieron a brotar, instantáneas y humillantes—. Incluso mientras le