El palacio amaneció con la lenta crueldad de la luz invernal: tenue, pálida, atravesando las altas ventanas como acusaciones. Callie se movía por los pasillos matutinos con el sencillo vestido color carbón que Darian le había elegido la noche anterior: de cuello alto, manga larga, modesto a la vista. Solo él conocía la verdad debajo: sin ropa interior, solo las tenues marcas rojas de la cuerda que aún florecían en sus muñecas y garganta como firmas secretas.
Cada paso se lo recordaba.
La tela s