La llamada llegó después del anochecer.
Sin urgencia. Sin ira.
Con inevitabilidad.
Callie doblaba la ropa blanca en el ala de servicio cuando una presencia tras ella alteró el ambiente. No se giró de inmediato. Ya sabía quién sería; conocía el peso del silencio que precedía a momentos así.
"Su Gracia te requiere", dijo el mensajero en voz baja.
Sin nombre. Sin explicación.
Sus dedos se detuvieron contra la tela.
Asintió una vez, dobló la ropa blanca con precisión y la siguió.
El palacio de noch