El palacio nunca dormía del todo.
Solo aprendía a susurrar.
Callie había empezado a reconocer su sonido: el sutil cambio en el aire cuando las conversaciones se apagaban demasiado rápido, la forma en que los sirvientes apartaban la mirada al entrar en un pasillo, la tensión bajo sonrisas que antes eran meramente educadas. Algo se movía bajo la superficie, serpenteando por los pasillos como un ser vivo.
Y ya no era invisible para él.
Llevaba consigo la atención de Darian como una marca grabada e