El palacio estaba despierto de una forma que ponía los nervios de punta a Callie.
No era ruidoso, nunca ruidoso, sino alerta. Cada pasillo parecía más nítido, cada superficie pulida demasiado reflectante, como si las propias paredes la estuvieran observando. Se había corrido la voz rápidamente de la llegada del invitado: un enviado de alto rango de un dominio vecino, alguien cuyo favor Darian no podía permitirse ofender.
Callie se enteró como lo supo todo ahora: por insinuación.
Su misión llegó