Le ordenaron a Callie que se pusiera de pie.
Nada más.
Ninguna tarea. Ninguna bandeja. Ningún movimiento permitido. Solo silencio y obediencia.
La orden había llegado sin ceremonias, la voz de Darian, baja y definitiva, mientras el palacio se preparaba para el rito formal: una reunión con peso religioso y consecuencias políticas. Los nobles llenaban las galerías superiores. Los guardias se alineaban en las paredes. Los sirvientes se movían como sombras.
Y Callie permaneció donde él la había col