La línea no desapareció.
Tampoco se solidificó.
Se mantuvo… inestable.
Como si no supiera aún qué debía ser.
Risa no se movió.
Nadie lo hizo.
Porque cualquier gesto, cualquier decisión impulsiva… podía alterar algo que apenas estaba comenzando a definirse.
El aire alrededor vibraba con una tensión nueva.
No violenta.
Pero sí… expectante.
Thallia fue la primera en hablar, casi en un susurro:
—Está dudando…
Noctara frunció el ceño.
—¿Cómo puede dudar algo que ni siquiera tiene mente?
El Presentan