El sol despuntaba en el horizonte cuando Rhaziel llegó al campamento militar. El aire olía a hierro y a humo, y el eco de los cascos de su caballo resonaba entre las hileras de soldados que, al verlo, se enderezaban con un respeto casi reverencial. Adrian cabalgaba a su lado, siempre con esa sonrisa temeraria que contrastaba con la mirada helada del rey. El ejército entero aguardaba sus órdenes, consciente de que aquella campaña no era una más: Lucian, rey de Elthuria y primo de Rhaziel, había