El amanecer en Umbraeth no trajo calma. El aire estaba cargado de rumores, pasos de soldados y el relincho de los caballos que aguardaban en el patio de armas. Banderas negras y plateadas ondeaban en lo alto de las murallas, presagiando la partida del ejército.
Rhaziel, ya vestido con su armadura oscura, avanzaba con paso firme acompañado de Adrian, que montaba la misma armadura ligera que siempre parecía un estorbo a su alegría. El sonido de los cascos resonaba como tambores de guerra. El pueb