El sonido del golpe resonó por toda la arena y, por un momento, todo quedó en silencio. El robusto guerrero, con una sonrisa triunfante, creyó haber golpeado al rey. Pero cuando el polvo se asentó, Ulrich estaba de pie, ileso. Había usado la última fracción de segundo para desviar el golpe. Aprovechó la posición baja para girar su cuerpo y asestar un golpe preciso en la pierna del oponente, obligándolo a retroceder tambaleándose. Elara, al lado de Phoenix, esbozó una pequeña sonrisa y comentó: