**Phoenix pasó el día con su bebé, disfrutando cada momento precioso junto a él.** Lo amamantó con ternura, sintiendo la profunda conexión que los unía, y luego lo meció suavemente, inhalando el dulce aroma de su piel suave. Con movimientos delicados, lo balanceó en sus brazos y comenzó a tararear la vieja canción que su madre le había enseñado mientras lo bañaba con agua tibia:
♪ *Y cuando el alba despierta, y el día va a surgir,*
*continúo mi plegaria, sin nunca desistir.*
*Pues sé que