El viaje a Eldorheim continuó hasta que, al caer la tarde, la comitiva entró en una ciudad rodeada de campos verdes y pastos. La vista era bucólica, con colinas suaves y rebaños pastando tranquilamente. La comitiva se detuvo frente a una robusta casa de campo construida de piedra y madera, con un tejado de pizarra que brillaba a la luz del atardecer.
Phoenix, acompañada por sus damas, la Condesa Isadora Montague, la Duquesa Genevieve Beaumont y la Condesa Eloise Fitzroy, descendió del carruaje.