Goldhaven estaba en silencio. La ciudad dormía bajo un manto de tranquilidad inusual, y esa calma se extendía por los corredores de piedra fría del castillo, alcanzando incluso a los guardias apostados frente a la alcoba del Rey Alfa Ulrich. La luz pálida de las antorchas parpadeaba suavemente, proyectando sombras alargadas en las paredes, mientras los párpados de los guardias pesaban de sueño, casi cediendo al agotamiento.
Fue entonces cuando las puertas detrás de ellos se abrieron con un chas