El corazón de Phoenix se aceleró, latiendo tan fuerte que parecía resonar en sus oídos.
— ¿Qué pasa? — Jadeante, intentó levantarse con dificultad, pero los dolores punzantes en su vientre la hicieron gruñir de protesto.
Turin se acercó, sus músculos tensos como cuerdas estiradas.
— Tenemos que correr — afirmó con firmeza, aunque la preocupación nublaba su mirada.
— ¿Correr? — Phoenix casi se rio, pero otra contracción le robó el aliento. — No puedo ni levantarme.
Un rugido distante cortó el ai