El Rey Ulrich estaba parado en el balcón del castillo, envuelto en una casaca de seda roja con bordados de oro y plata, combinada con pantalones ajustados de brocado rojo. Sus ojos observaban las imponentes murallas de Eldorheim, adornadas con estandartes y banderas en los colores de la ciudad, azul y plata. Antorchas y linternas talladas lanzaban un brillo cálido y acogedor, creando un ambiente mágico y festivo.
La voz familiar de la Vizcondesa Elara rompió el silencio.
"Finalmente decidiste a