El regreso al palacio, iluminado por el brillo plateado de la luna, estuvo marcado por un silencio inquietante. La comitiva avanzaba a un ritmo deliberado y, aunque las expresiones de los presentes reflejaban alegría, había una tensión latente en el aire. Ulrich y Phoenix, caminando lado a lado, compartían sonrisas discretas, pero ambos estaban sumidos en sus pensamientos. Las imágenes sombrías que habían presenciado durante la ceremonia en el Templo de las Aguas seguían grabadas en sus mentes,