No hay nada que puedas hacer.
El sol nació una vez más sobre el reino, iluminando los pasillos del castillo con una luz suave que contrastaba con la tensión palpable en el aire. El día comenzó como el anterior, con el Rey Ulrich tomando sus comidas solo, su mirada frecuentemente volviéndose hacia la silla vacía a su lado, donde Phoenix debería estar sentada. Su ausencia era un recordatorio constante de la discordia entre ellos.
En los aposentos de Phoenix, la mañana comenzó con el bordado habitual, pero su mente estaba lejo