La atmósfera estaba impregnada de expectación y emoción cuando Phoenix emergió del castillo, envuelta en su deslumbrante vestido de novia. La seda púrpura fluía a su alrededor, adornada con detalles de encaje delicado, perlas brillantes y joyas relucientes, cada una añadiendo una capa de extravagancia a su majestuosa figura. Su porte real era acentuado por el cuello alto y las mangas abullonadas, mientras que la amplia falda se derramaba graciosamente alrededor de sus piernas.
Acompañada por su