Entonces ven a estudiar aquí conmigo.
Los últimos rayos de sol se deslizaban por el horizonte, tiñendo el cielo con tonos de dorado y lila, mientras Phoenix, sentada en la cama, estudiaba el cuaderno desgastado que una vez perteneció a su madre. Estaba cubierta solo con una bata translúcida, y el suave soplo del viento del mar ondulaba su cabello, creando un aura casi etérea a su alrededor. Ulrich, despertando lentamente, se encontró cautivado por su imagen, el cuerpo esbelto y grácil bajo la luz suave del atardecer, sintiéndose má