Ulrich caminaba lentamente por el pasillo de la mansión, sus pasos casi inaudibles, cuando la voz familiar de Phoenix alcanzó sus oídos, viniendo desde la sala de estar. Se detuvo, sin querer interrumpir, y se acercó silenciosamente a la puerta entreabierta, donde se quedó al acecho, escuchando atentamente.
Dentro de la sala, Phoenix estaba frente a sus damas de compañía: Isadora, Eloise, Seraphina y Arabella. Las cuatro mujeres la observaban con expresiones atentas y ansiosas. Phoenix respiró