—La fiebre es muy alta —declaró el joven Corono que, tras ver desfallecer a su futura esposa, no la había visto recuperar la conciencia en casi diez horas, y su fiebre no cedía por más que le aplicaban compresas frías en la frente y cuello.
Corono escuchó a la joven Mía quejarse de nuevo, como si algo le doliera demasiado o como si estuviera encerrada en un mal sueño y su ansiedad creció un poco más.
—¿Será alguna enfermedad? —preguntó Carlo y su hijo alzó los hombros en señal de no saber, neg