Leone II abrió los ojos cuando las puertas de su habitación fueron golpeadas con fuerza, entonces la voz del angustiado primer ministro resonó llamándolo con urgencia. El emperador de Cenzalino se incorporó sintiéndose algo enfermo: su cabeza parecía estar a punto de estallar y su estómago era una locura también que estaba por hacerlo vomitar.
Ese hombre de ojos verdes llevó sus manos a su rubia cabeza, presionándola un poco, luego talló su cara y se percató de que había humedad en sus ojos y m