—¿Estás bien?— Preguntó, de repente un poco preocupado, mientras le tocaba ligeramente el brazo.
Isabella consiguió asentir con la cabeza más de una vez, cuando por fin consiguió dominar el insoportable dolor. Suspiró y volvió a intentar mantenerse erguida. Notó su mano en el brazo, así que retiró suavemente el brazo de su contacto.
—Estoy bien. Buenas noches. —. Dijo antes de dar unos pasos hacia su habitación. Enrique se quedó quieto mirándola alejarse. Suspiró y apartó la mirada de ella por